domingo, 14 de agosto de 2011
Mi última estación
domingo, 26 de junio de 2011
Te encontré

Ha llegado un momento en el que lo más esperado del día es una llamada. Y que diga mi nombre, que lo repita, porque prometo que nunca nadie lo había hecho sonar tan bien.
Es curiosa la pérdida de los sentidos cuando eres consciente de ella. Aunque no quieras, aunque la esquives. Un día te darás cuenta de ello y querrás hacerte la sorprendida. Y una vez más me veo a mí misma como veía a aquel fiel amigo de orejas largas, que giraba la cabeza a la derecha buscando el origen del ruido burlón que al momento le desconcertaba por la izquierda. El mismo que pretendía rastrear en el aire el olor de la comida que mamá aún no había preparado. Y de igual manera he olido yo la noche de reyes una tarde de Junio, y un paseo por el Puerto de Santa María en uno de mis viajes a la biblioteca de esta tierra sin mar. Será ahora, tiempo carente de paseos a su lado, de descansos de quince minutos que sin quererlo duran horas, que empiece a evidenciarse preocupantemente este inminente extravío de los sentidos; que comience a disfrazarse su cara en todo nimio rostro de transeúnte que me cruce; que en todas las voces busque ese tímido acento que él pretende esconderme…será ahora cuando todo el azúcar que añado al té se presente amargo en comparación con un beso suyo.
Aún se atreve a decirme, no sé si siendo sincero, que piensa no le echaré de menos. Todavía no llega ni a intuir siquiera lo borracha que me tienen sus abrazos; el respingo de piel que infunde con una sola caricia, la pérdida de todo juicio que suscita su sonrisa o la carencia de importancia que adquiere el tiempo a su lado. No existe reloj, no tendría sentido.
De modo que aquí me encuentro a mí misma deambulando por el laberinto de recuerdos de lo que ha sido un año corto, muy corto, pero intenso, y detestando así la ridícula sonrisa que se estira con disimulo en este aniñado rostro cuando voy sola, recorriendo distintas calles, y pienso en él. En esas arrugas en los ojos al reír, en la cara de “niño del columpio”, la manía de girar el colgador de mi cuarto ( y es curioso, porque esto en especial lo añoraré extrañamente), un “Tai” que descubre una carcajada, las infatigables cosquillas que nunca quisieron encubrirse, las horas de secuestro, las caricias, una mirada entre simpática y pervertida, un monólogo que enmudece con un beso…un te quiero inesperado por primera vez…
No tienes ni idea de cómo me alegro que este destino burlón nos haya hecho encontrarnos.
martes, 1 de marzo de 2011
La danza de las manos
martes, 4 de enero de 2011
Tuve que huir

Papá ha intentado demasiadas veces arreglar el chirrido de la puerta de este armario, todas y cada una de ellas en vano. A pesar de su persistencia la madera se resiste a dejar de cantar lo que se asemeja, al menos para mí, a un áfono interrogante de una pregunta que jamás nadie pudo contestar…de una cuestión que aún hoy proseguimos haciéndonos todos. Y es la primera vez que el desafío ofrecido por ese estremecedor sonido, no consigue erizar el bello de mis brazos. Te asombrará también saber, Viti, que he logrado subirme a la inestable escalera roja; sigue moviéndose, pero hoy no son aquellos duendes juguetones, que un día juraste ver, los que la zarandean…ellos han desaparecido junto a ti, junto a nuestra inocencia, y han dejado paso a la simple ausencia de la tapa posterior izquierda, contigua al primer peldaño. Se camufla en el fondo de un olvidado estante, polvoriento e inalcanzable, una caja azul; tan intenso, que parece increíble pasara desapercibida antes. Sospecho contendrá esa añoranza que una vez lastimó tanto, el corazón está cansado…y la amargura sigue sin aliviarse. Y en efecto, allí están aquellos juguetes con los que soñaste ser Peter Pan, con los que convertías la casa en el submarino de Julio Verne, aquellos que papá escondió, llegado el momento, para ayudarnos a crecer... para ayudarnos a crecer. Huelen a ti. Exhalo una vez más la fragancia de la alegría, el perfume de tu felicidad. No me acostumbro a ser la hermana mayor. Y es ahora cuando, lo no alcanzado por la chirriante madera, es conseguido por tus recuerdos…estremezco de nuevo; es una curiosa manera de volver a sentir que sigo viva. No eres consciente de cuánto amor te has llevado. Mamá y Papá no son los mismos desde que no estás. “Elisa” ya no suena en el piano…y sospecho que mamá no conserva la partitura. El papel de las paredes es más gris que nunca, y la brisa que entra por las ventanas no logra arrastrar esta pesadumbre con ella. Ojalá pudieras volver…si supieras cuántas veces al despertar he rogado que todo fuese una amarga y execrable pesadilla…tuve que huir Viti. Tuve que escapar de esta continua aflicción. Maldita sea, llevo tanto tiempo evitando lo inapelable, parece que jamás cicatrice la herida. Y ni siquiera recuerdo el olor de la lluvia en el jardín, el orden de los cubiertos en el cajón…o la sonrisa de papá cuando abrazaba a mamá. Las paredes esperan ansiosas otro resquicio del júbilo que tu pintabas en sus días, y que saben no volverán a advertir. Es curioso…tú te has ido, pero los verdaderos fantasmas nos quedamos en esta casa.
martes, 19 de octubre de 2010
Mañana será otro día
lunes, 20 de septiembre de 2010
just snow

Intento, nuevamente, saltar a la comba entre las olas de nieve que me envuelven. Trazando una y otra vez distintas curvas, procurando dibujar con cada movimiento algo diferente. Algo que demuestre que soy distinto.
Últimamente tengo infinidad de discusiones conmigo mismo, más de las que querría. En ellas dispongo de todas aquellas convenientes respuestas que no te di en su momento. Ni a ti ni a ellos. A todos los que, recientemente, me han fallado. Y con cada levantar de blanca nieve soy más rápido en las réplicas, y eres tú, esta vez, la que no tiene nada que decir. La que espera estática que la razón se le presente. Tenía tanto que reprocharte, y sólo ahora, camuflado en este arropador traje, se manifiestan en mi cabeza. De modo que esta injusta fortuna despierta mi ira, la cual procuraré extinguir con el próximo salto, borrando tu cara de mi mente entre el congelador polvo que no cesa de arrollar. Suprimiendo cada una de las disputas que he tenido, cada una de las diferencias, con todos los que sugirieron en su época ser amigos…o contigo. Se supone que esta es mi única distracción, la que logra sacarme del negro pozo en el que se hunden los días gracias a cada uno de mis comederos de cabeza…gracias a ti; y aún así ahí continúas, escuchando el total de las mil respuestas que he sido capaz a darle a nuestra última pelea en mi pensamiento. En mi perfecto e imaginario mundo. Donde sólo estamos la nieve y yo. Donde tú siempre pierdes los enfrentamientos. Me aproximo a un cajón. Espero que éste sea el que consiga eliminaros a todos.
domingo, 12 de septiembre de 2010
Anoche, volví a sentir la singular necesidad de dormir desnuda. Es invierno, las horas de mis días se llenan de lluvia y el aire huele a tierra mojada. Hace frío, más ahora que no estás para espantarlo, pero recurro a las suaves sábanas de franela, aferrándome a ellas encogida en mí misma, impidiendo que mis ojos, que se acostumbraron a tí y ahora no resuelven mirar a otro, derramen la lágrima que ahogue esta soledad a la que aún no me he adaptado. Cavilo, durante breves instantes de demencia, llamarte. Olvidé, sin embargo, que hacía tiempo ya me había desprendido de tu número, al recapacitar y encontrar incoherente la idea de conservar el teléfono de alguien que no te habla. Alguien incapaz de escuchar tu voz sin estremecer. Diferencia de temperamentos, explicamos a nuestros allegados, a los curiosos...a nosotros mismos. Sé que al principio sentías ciego rencor al recordar mi nombre. Sé que esquivabas las que fueron mis crudas palabras en tu razón. Yo, que por aquel entonces no padecía más que una sensata compasión, pronto percibí la magnitud de mi equívoca decisión. Ya fuera por la nostalgia que evocaban tus recuerdos en la casa, por las quemaduras en la cocina que ya no estás para curar, por la falta de alguien que me arrope cuando me quedo dormida en el sofá...sólo repito en mi entendimiento...equívoca decisión. Ha sido en esta tarde de lluvia, de olor a tierra mojada, que te he vuelto a ver. La larga cola en la panadería camufla tu reciente presencia, ni siquiera he sabido reconocer tu voz entre el murmullo del saludo generalizado. Pero tu olor...ah....habituada ya a odiar a todo aquel que usa tu perfume, a no quedarme abatida ante la ráfaga fugaz de tu fragancia en la figura de algún transeúnte, cuya abandonada estela podría seguir cerrando los ojos incluso....es ese olor el que me obliga, inconscientemente, a girarme. Y allí estás tu, tímido, como siempre. Será esa sonrisa impávida la que destroce todos mis esquemas. Sabes, por uno u otro motivo, que estoy más que compungida. Eres consciente de que te rogaría ahora mismo que esta noche ahuyentaras mis pesadillas. Son eternos los minutos que pasan antes de que nos atiendan, y tu vuelvas al coche donde ella te espera, en el asiento del copiloto, mirando vuestras fotos en la misma cámara donde ayer yo miraba las nuestras. Bonitos verdes ojos los que ahora te acompañan. Insisto, equívoca decisión...
