lunes, 22 de febrero de 2010

come back to me


Lo peor de una mujer con el corazón roto es que empieza a repartir los pedazos.



Otra vez vuelves a mi vida. Pasarán los años y seguirás ahí, como un litigio al que recurrir. Es pura simbiosis, cuando ambos lo necesitamos, simplemente estamos. Es distinto, contigo siempre es así, pero me siento a salvo en tus brazos. Me encuentro redimida en tus sábanas.

domingo, 7 de febrero de 2010

El adios

Se resignan a escaparse tus gélidas palabras de mi cabeza. Siguen clavadas, sin pensar tan siquiera que la expresión "amigos" pudiera hacer tanto daño. Da igual cuantas veces entre y salga de la ducha, seguiré sintiéndome igual de sucia, igual de imbécil, igual de soñadora e ilusa...igual de cansada en una época en la que dormir cinco horas es todo un récord. Pero estudiar se hace imposible, y comer inviable. No es necesaria la comida para mojar la almohada con lágrimas. Detesto haberte llorado al teléfono, llevaba todo el día prometiéndome a mí misma que no lo haría, o haberme visto tan indefensa echada en la cama, con nada más que una toalla, al salir del baño. Aborrezco preocupar a la gente que me quiere por mi estupidez. Sólo deseo que pasen pronto los días en que todo me recuerda a tí, los días enamorada de tus defectos, los mismos en que he dejado de ver películas buenas porque todas tienen algún resquicio de alusión que no me permite continuar...tendré que pasarme al mal cine. No puedo culparte, dejaste claras tus intenciones, sólo yo en un absurdo intento de convertir lo efímero en eterno pensé que quizás pudieras sentir algo por mí, algo que sentiste por otras y que yo no supe sacar de tí. Tan sólo me queda decir adios.

viernes, 5 de febrero de 2010

Y dejarás escapar algo así por miedo.
Y fingirás que no te importa yéndote con otras.
Y mantendrás la compostura camuflada con orgullo.

Un punto pone final a la historia, pienso que sin que ninguno de los dos quiera, todo por miedo al pasado. Dándole la espalda équivocamente a quien no deberías.

miércoles, 13 de enero de 2010

Fallen angel


Recordar el día en que le conocí no es ni será difícil jamás. Hay ciertas cosas que nunca se olvidan. El encontrar en el harapiento patio de nuestra antigua casa a un extraño, cuando esta palabra hace énfasis en su concepto, entre las hojas que un amargo otoño arrancó de los árboles, queda grabado a fuego en la cabeza de una joven que aún por aquel entonces mantenía la razón y la endereza. Y permanece el recuerdo indeleble todavía.

Fue desconcertante su áfono ruego. Aún con los labios próximos al suelo, pidió aquel forastero no un vaso de agua, ni cobijo, ni una manta o el calor de un hogareño fuego. No. Tan sólo al oírme llegar y sin mirarme en ningún momento, me rogó le cortase las alas. -Despréndeme de ellas- imploró entre sollozos. No es que aquellas blancas y enormes alas en su lomo, entonces mojadas por la lluvia y parcialmente embarradas, no llamasen la atención, pero no me percaté de su presencia hasta que el desconocido balbuceó la absurda suplica.

Supongo, ahora que reflexiono fríamente, años después, que me quedé largos minutos mirando abrumada aquellas enormes alas. Recuerdo perfectamente la inserción en la espalda, y como la piel se fusionaba con plumas blanquecinas. Observé, con todo detalle, como unas venas palpitaban al inicio de dicha extremidad. Y después de este análisis al extraño, le ayudé a incorporarse y entramos en casa.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Despedida


Lo difícil, lo realmente arduo, no fue un día, simplemente, vaciar aquella familiar cómoda que durante años habíamos compartido. No fue intentar romper, con el golpe de tus ropas contra tu cuerpo, todos mis temores llevados ya a la materialidad. El mayor obstáculo no fue, a pesar de lo que tu pudieras cavilar en aquellos minutos eternos, camuflar toda la aflicción que sentía y disfrazar mis lágrimas con gritos de rencor. Dejar llevarse por las emociones, durante unos segundos, quizás minutos, es apenas como saltar una pequeña cerca. Lo verdaderamente duro, aquello que me asustó y aún me asusta, fue tener que despedirme de ti cada día. Buscar la manera de desprender de ese cajón tu olor, que no quiso fugarse junto a tus camisas ese día. Rastrear en cada rincón de la cama un ínfimo resquicio de calor y escuchar cada día las paredes de nuestra casa, porque quizás, sólo quizás, fueran capaces de explicarme por qué te quise tanto. Pero no he conseguido, cada atardecer sola en casa, sentir que ciertamente me he despedido de ti; tu fragancia sigue prendada de mi cajón, que ahora mantengo vacío para no verme obligada a volver a abrir; las sábanas son gélidas en comparación con lo que fueron un día; las paredes aún no son capaces de responder a mis preguntas, sólo son el reflejo de la añoranza de tu presencia en mí; y tú…tú sigues sin aparecer.

No fue culpa de ninguno, supongo. Mi error fue pretender tener algo que no podías darme. Nunca te recriminé por ello. Tu error fue y es buscar en otras lo que yo no pude darte. Espero que no me culpes.

domingo, 27 de septiembre de 2009

tonight

Dicen que nada es perfecto, así que sigo preguntándome si lo de ayer fue real...

sábado, 19 de septiembre de 2009

Indiferencia


Y sigues sin entender por qué elegí estar separada de tí. Pecas de ingenuo cuando piensas, y sé que lo haces, que es porque no te quería. Al contrario, no podía soportar la idea de que tú no lo hicieras. Tu indiferencia fue el cuchillo más afilado, y ver cómo te daba igual lo que yo hiciera me desgarraba por dentro. No llegabas a comprender que yo no quería estar con nadie que no fueras tú y, no sé si lo hiciste por ponerme a prueba, una prueba que desde luego yo no pasé, pero el momento en que me preguntaste por qué no estaba con aquel otro, me fulminó.