sábado, 29 de mayo de 2010

Sea&See....Smile....



Pesaroso, recupero imágenes en mi cabeza y las hago concordar, y realmente no sé si quiero hacerlo
…..ya vuelve a mí tu mirada....
Es como sumergirse en un océano, al principio turbio, y de pronto tan diáfano. Para volver a observar como baila tu pelo entre el viento hace falta una fuerza de la que carezco. Entonces aparece; de nuevo esa sonrisa que me hacía estremecer, como la de una niña traviesa, que sabes que trama algo pero hace rato que comprendiste: “no voy a poder impedírselo”. Es la misma con la que siempre obtienes cuanto quieres, por la que se voltea el transeúnte o consigues gratis la copa; y con ella me pierdo en un entramado de caracteres del que no lograré escapar. Es tu naturaleza, que pretendo camuflar con falsos defectos. Como maldecir tu incompetencia para comer helado sin mancharte, o tu condenada manía de confiar en todo el mundo. Recordar tu diplomacia con la que arreglabas todos los conflictos, la incapacidad para discutir con nadie. Las lágrimas por pequeñeces, las carcajadas por más grandes simplezas. Una noche en Julio en la que te detienes, repetidamente, para oler “el verano”; y de nuevo nos haces llegar tarde. Pero todo vuelve a convertirse en la paz que transmites cuando me redimo del mundo en tus brazos.

Es el pétalo de cada flor, que arrancaste para exhalar, lo que aparece al fondo de este océano en el que nos embarcamos juntos; en el que zozobro. Es el momento en que te cambié por ella el mismo en que hundí mi barco, y viajo a la deriva desde que pretendo encontrar en su persona tu paciencia, tu libertad, tu optimismo, tu honestidad…trágicamente, hizo falta que sonrieses a otro para darme cuenta.

lunes, 22 de marzo de 2010

Los pasos




Es el cuarto chiste que cuento esta noche. Levanto la mirada y de nuevo me siento solo en una mesa completa de tres. Observo, en un rudo y escandaloso silencio, la forma en que os miráis, o mejor dicho, en que dejáis de hacerlo cuando conscientes caéis en la cuenta de mi presencia. Volvéis a ser sólo dos, para qué más.


Parece que cuanto más lo miro más extraño es. Como cuando repites tanto una palabra que acaba por sonar absurda en tu mente. ¿Por qué te dejaría pintar aquel azulejo?. Es mi cocina coño. Es el maldito piso que pago cada mes, el mismo piso de dos que huele a solitario, al igual que la cama, idéntico a nuestras sábanas, equivalente a uno de tus besos, ídem a tus abrazos. Y da igual cuantas tortugas más metas en el terrario; tú y tu puta manía de traer bichos a los que alimentar a casa. Tú y tu puta manía de sustituirme con cualquier cosa. Ahora preparas con cariño comida para una planta carnívora a la que has puesto nombre de persona, y hasta de ella podría ponerme celoso. De modo que vuelvo hacia el azulejo dispuesto a frotar hasta dejarme las manos. Ojalá fuera tan fácil borrarlo también de mi mente.


Un símbolo de cariño dijiste. Es un "para siempre", convertido ahora con sencillez en un "hasta nunca". Hubiera preferido un "te quiero" sincero de tu boca, uno sólo, así te habrías ahorrado mil pinchazos en la piel y 60 euros. Esconde ahora esa íntima muestra de cariño a todos los que suden en tus sábanas; sí, las mismas que huelen y olerán siempre a vacío. Da igual cuanto busques en ellas princesa, ahí no está la felicidad que tanto ansías.


Deja de mentir. Para ya. Los dos sabemos la verdad. No existe el amor, es sólo un reflejo efímero en el fondo del vaso de un bebido, y al despertar se ha esfumado, dejando en su lugar una sucia y aspera resaca. Yo no pondré fin a esto. Demasiado cómodo, y supongo que tú piensas igual. Desmesuradas explicaciones que dar. Excesivas preguntas que responder. ¿Para qué engañarnos?, esta noche volveré a dar de comer a tu perro. Mañana volveré a recoger tu ropa. Y tú...seguirás llenando tus quebradizos vacíos con caricias de otros, a disimular al mirarte con mi mejor amigo, en la misma mesa de tres donde yo contaré mi quinto chiste al intentar encubrir el silencio que vuestras envidiadas miradas dejan al desnudo.

lunes, 22 de febrero de 2010

come back to me


Lo peor de una mujer con el corazón roto es que empieza a repartir los pedazos.



Otra vez vuelves a mi vida. Pasarán los años y seguirás ahí, como un litigio al que recurrir. Es pura simbiosis, cuando ambos lo necesitamos, simplemente estamos. Es distinto, contigo siempre es así, pero me siento a salvo en tus brazos. Me encuentro redimida en tus sábanas.

domingo, 7 de febrero de 2010

El adios

Se resignan a escaparse tus gélidas palabras de mi cabeza. Siguen clavadas, sin pensar tan siquiera que la expresión "amigos" pudiera hacer tanto daño. Da igual cuantas veces entre y salga de la ducha, seguiré sintiéndome igual de sucia, igual de imbécil, igual de soñadora e ilusa...igual de cansada en una época en la que dormir cinco horas es todo un récord. Pero estudiar se hace imposible, y comer inviable. No es necesaria la comida para mojar la almohada con lágrimas. Detesto haberte llorado al teléfono, llevaba todo el día prometiéndome a mí misma que no lo haría, o haberme visto tan indefensa echada en la cama, con nada más que una toalla, al salir del baño. Aborrezco preocupar a la gente que me quiere por mi estupidez. Sólo deseo que pasen pronto los días en que todo me recuerda a tí, los días enamorada de tus defectos, los mismos en que he dejado de ver películas buenas porque todas tienen algún resquicio de alusión que no me permite continuar...tendré que pasarme al mal cine. No puedo culparte, dejaste claras tus intenciones, sólo yo en un absurdo intento de convertir lo efímero en eterno pensé que quizás pudieras sentir algo por mí, algo que sentiste por otras y que yo no supe sacar de tí. Tan sólo me queda decir adios.

viernes, 5 de febrero de 2010

Y dejarás escapar algo así por miedo.
Y fingirás que no te importa yéndote con otras.
Y mantendrás la compostura camuflada con orgullo.

Un punto pone final a la historia, pienso que sin que ninguno de los dos quiera, todo por miedo al pasado. Dándole la espalda équivocamente a quien no deberías.

miércoles, 13 de enero de 2010

Fallen angel


Recordar el día en que le conocí no es ni será difícil jamás. Hay ciertas cosas que nunca se olvidan. El encontrar en el harapiento patio de nuestra antigua casa a un extraño, cuando esta palabra hace énfasis en su concepto, entre las hojas que un amargo otoño arrancó de los árboles, queda grabado a fuego en la cabeza de una joven que aún por aquel entonces mantenía la razón y la endereza. Y permanece el recuerdo indeleble todavía.

Fue desconcertante su áfono ruego. Aún con los labios próximos al suelo, pidió aquel forastero no un vaso de agua, ni cobijo, ni una manta o el calor de un hogareño fuego. No. Tan sólo al oírme llegar y sin mirarme en ningún momento, me rogó le cortase las alas. -Despréndeme de ellas- imploró entre sollozos. No es que aquellas blancas y enormes alas en su lomo, entonces mojadas por la lluvia y parcialmente embarradas, no llamasen la atención, pero no me percaté de su presencia hasta que el desconocido balbuceó la absurda suplica.

Supongo, ahora que reflexiono fríamente, años después, que me quedé largos minutos mirando abrumada aquellas enormes alas. Recuerdo perfectamente la inserción en la espalda, y como la piel se fusionaba con plumas blanquecinas. Observé, con todo detalle, como unas venas palpitaban al inicio de dicha extremidad. Y después de este análisis al extraño, le ayudé a incorporarse y entramos en casa.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Despedida


Lo difícil, lo realmente arduo, no fue un día, simplemente, vaciar aquella familiar cómoda que durante años habíamos compartido. No fue intentar romper, con el golpe de tus ropas contra tu cuerpo, todos mis temores llevados ya a la materialidad. El mayor obstáculo no fue, a pesar de lo que tu pudieras cavilar en aquellos minutos eternos, camuflar toda la aflicción que sentía y disfrazar mis lágrimas con gritos de rencor. Dejar llevarse por las emociones, durante unos segundos, quizás minutos, es apenas como saltar una pequeña cerca. Lo verdaderamente duro, aquello que me asustó y aún me asusta, fue tener que despedirme de ti cada día. Buscar la manera de desprender de ese cajón tu olor, que no quiso fugarse junto a tus camisas ese día. Rastrear en cada rincón de la cama un ínfimo resquicio de calor y escuchar cada día las paredes de nuestra casa, porque quizás, sólo quizás, fueran capaces de explicarme por qué te quise tanto. Pero no he conseguido, cada atardecer sola en casa, sentir que ciertamente me he despedido de ti; tu fragancia sigue prendada de mi cajón, que ahora mantengo vacío para no verme obligada a volver a abrir; las sábanas son gélidas en comparación con lo que fueron un día; las paredes aún no son capaces de responder a mis preguntas, sólo son el reflejo de la añoranza de tu presencia en mí; y tú…tú sigues sin aparecer.

No fue culpa de ninguno, supongo. Mi error fue pretender tener algo que no podías darme. Nunca te recriminé por ello. Tu error fue y es buscar en otras lo que yo no pude darte. Espero que no me culpes.